No se puede mudar un sentimiento como quien cambia de ropa al amanecer. No somos máquinas. Somos latido, memoria y tiempo. (Mey cruz) A veces observamos la vida de otras personas y decimos: “Si yo estuviera en su lugar, haría esto o aquello” , sin saber que, al enfrentarnos a la misma situación, podríamos actuar exactamente igual. Así somos los seres humanos: tan predecibles y, al mismo tiempo, irrepetibles; tan comunes, pero profundamente complejos. Los sentimientos y las emociones caminan de la mano. Ante una experiencia, nuestro cuerpo reacciona y nuestra mente interpreta. Parecen lo mismo, pero no lo son. Son correlaciones: dos variables que se influyen mutuamente, una dando forma a la otra. Las emociones nacen de estímulos inmediatos, físicos o externos; los sentimientos, en cambio, son el eco que permanece, la huella que esos estímulos dejan en nosotros. Las emociones son efímeras, pasan como un instante; los sentimientos perduran, se alojan en el alma y moldean quiénes somos...